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Abriles. Cuando el riverismo pateó la mesa

Abriles. Cuando el riverismo pateó la mesa

por Mario Del Gaudio

El 11 de abril de 1831 la Matanza de Salsipuedes fue la primera gran operacion militar del Ejército del Gral. Fructuoso Rivera, que habia sido el Primer Teniente de Artigas, antes de traicionarlo. Cómplice de este genocidio, Juan Antonio Lavalleja que en febrero de 1830, recomendó a Rivera adoptar providencias «más activas y eficaces» para la seguridad de los vecindarios y la garantía de las propiedades afectadas por los charrúas, a quienes consideraba «malvados que no conocen freno alguno que los contenga» y que no podían dejarse «librados a sus inclinaciones naturales».

Esos charrúas eran los combatientes encargados -por el Prócer, emplazado en el Curugutay- de defender los principios del artiguismo en el recién creado territorio uruguayo, arremedo de la Banda Oriental, impuesto por ingleses, portugueses y porteños.

El pacto criminal de Riveristas y Lavallejistas, no terminó bien tampoco para ellos.

En la hondonada de Yacaré-Cururu, Bernabé Rivera, el ejecutor de aquellos asesinatos (con los que manchó de sangre, deshonra e indignidad aquel ejército riverista) en agosto del año siguiente fue herido, muerto y descuartizado por los sobrevivientes de aquella masacre liderados por Polidoro, el único cacique que todavia comandaba las huestes artiguistas.

Asi relató ese ajuste de cuentas Manuel, hermano de Juan Antonio Lavalleja:

“Allí entraron a hacerle cargo de los asesinatos hechos a sus familias y compañeros. El teniente Javier, indio misionero y ladino, era de opinión de que no se matara a Bernabé (…) pero los otros todos, incluso las chinas, pedían su muerte, y Bernabé les ofrecía cuanto ellos pudieran apetecer: les ofrecía que les haría entregar las mujeres e hijos; a esta oferta le preguntaron quién entregaba las familias que él y su hermano habían muerto en Salsipuedes. Bernabé no tuvo qué responder y entonces un indio llamado cabo Joaquín lo pasó de una lanzada y a su ejemplo siguieron los demás. En fin, Bernabé murió, le cortaron la nariz y le sacaron las venas del brazo derecho para envolverlas en el palo de la lanza del primero que lo hirió, lo arrastraron a una distancia donde había un pozo de agua y allí le metieron la cabeza, dejándole el cuerpo fuera.”

La historia pareció repetirse en 1972 cuando el fotógrafo Bardesio cayó en manos del MLN. Bardesio que era del Escuadrón de la Muerte, sin que aquellos jóvenes que lo cazaron le tocaran un pelo, contó casi todo lo que sabía. Asi se vino a saber como habían matado a Ayala, Ramos Filippini y Castagnetto en 1971. Después a Ibero Gutierrez en febrero del ’72. Pero sobretodo se supo y fue denunciado en declaraciones que hizo y firmó ante el propio Presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Gutiérrez Ruiz, que los comandos operativos del Ejército integraban el Escuadrón de la Muerte, que esto era notorio a los mandos superiores de las Fuerzas Conjuntas y que uno de sus principales miembros era el propio Sub Secretario del Ministerio del Interior, Armando Acosta y Lara.

Informaciones provenientes del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas confirmaban que aquellos aberrantes asesinatos de jóvenes líderes políticos eran parte de un plan de aniquilamiento que efectivamente sería llevado a cabo después, mediante una guerra sucia, contra todos quiénes se opusieran, activa o pasivamente.

El régimen, de claras caracteristicas neo-fascistas, se estaba implantando en Uruguay desde que Pacheco en diciembre de 1967 habia decretado la ilegalizacion del Partido Socialista, de otros partidos de izquierda y la censura de la prensa.

En 1971, el fraude electoral contra Wilson fue parte de esa “escalation”. Al mismo tiempo, el intento del MLN de anticiparse para impedir la matanza que se venia con la ejecucion el 14 de abril de 1972 de miembros del Escuadron de la Muerte, fue insuficiente.

El plan criminal del fascismo no se detuvo, el mismo día las Fuerzas Armadas asesinaron a ocho militantes tupamaros y tres días después, el 17 de abril, a los ocho comunistas de la Seccional 20.

El rivero-fascismo empezó a desarrollar -a partir de este momento- el terrorismo de Estado amparándose también en la Ley de Guerra Interna votada (lamentablemente) en el Parlamento por colorados y blancos, que -tal cómo en los viejos tiempos de Salsipuedes y de la dictadura de Terra- se unieron contra el artiguismo apoyando y envalentonando al rivero-fascismo.

El macabro homicidio de Tito Gomensoro el 12 de marzo del 73, confesado hace unos días por Gavazzo, demuestra la continuidad de ese plan no solo de exterminio físico (especialmente de jóvenes militantes) que el servicio de inteligencia militar usaba como metodo de escarmiento ejemplar, sino que el mismo era parte fundamental del proceso dictatorial que se formaliza en junio de 1973.

Inclusive, después de 1985, la amenaza del rivero-fascismo se mantiene latente.

La inmensa manifestacion que acompañó el 11 de abril pasado la convocatoria de las Madres y Familiares de Desaparecidos y de Crysol demuestra que los Orientales están más alertas que nunca para que -con la Verdad y haciendo Justicia- se desactiven los factores que la derecha siempre utilizó de manera directa o indirecta para patear la mesa.

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