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Intervención del diputado Pablo González en homenaje al Gral. Liber Seregni

Intervención del diputado Pablo González en homenaje al Gral. Liber Seregni

Seregni nunca fue Presidente de la República, nunca ocupó una banca parlamentaria, pero, qué contradicción, fue uno de los que más arriesgó para que nuestras bancas se pudieran ocupar; y fue constante también su lucha para que sea el voto popular el que democráticamente defina a sus gobernantes.
La primera vez que vi a Seregni personalmente fue en el local de la Coordinadora G del Frente Amplio en Paso de la Arena, hace ya 23 años. Allí fui invitado a una charla en un momento muy crítico para el Frente Amplio, donde participaron, además de Seregni, Danilo Astori y nuestro compañero hoy diputado Carlos Varela. Esa charla fue mi primer contacto con la vida orgánica frenteamplista de la que nunca me aparté. 
Mucho tiempo después pude entender esa discusión en sus contenidos. Pero de ese momento no puedo dejar de recordar a aquella figura hablando con voz clara y firme, rebatiendo uno a uno los argumentos de un auditorio que no disimulaba sus discrepancias. 
Después de esa charla lo veía siempre en los estrados, o en la tele, pero nunca más tuve la oportunidad de escucharlo en un ida y vuelta. 
Por eso digo que Seregni que para mí no fue cotidiano, no supe de su humor, ni de sus gustos musicales, ni deportivos.
 Pero como militante frenteamplista puedo hablar de su obra, porque sí tuve la suerte de recorrer el país de punta a punta, pueblo por pueblo. En cada rincón del país en donde flamea la bandera de Otorgués nos encontramos con el General Líber Seregni, su impronta está grabada a fuego en cada militante frenteamplista.
La necesidad de síntesis política permanente, la búsqueda del consenso como herramienta que afirme la unidad de acción, esa unidad que deja de ser una necesidad y en Seregni se convierte en un valor. 
El diálogo, siempre el diálogo como diferencial. Estos elementos que definieron al líder, al conductor y que hoy valoramos tanto a la distancia.
En el homenaje realizado el 19 de marzo de 2004 en el Paraninfo de la Universidad de la República, Seregni toma la voz y se define a sí diciendo: 
”Intenté ser en mi vida fiel a mí mismo, coherente, en el marco de principios éticos elementales, en la defensa de la libertad y de la democracia, en el respeto irrestricto a la Constitución y a la ley. Pero, mis amigos, todo lo que hice, lo bueno y lo malo, lo acertado y lo erróneo, fue a plena conciencia; traté de perseguir el paradigma de decir lo que se piensa y hacer lo que se dice.
A veces pude hacerlo y a veces no, porque yo también sentí, como muchos de ustedes, la vigencia del dilema que planteaba Max Weber hace más de 80 años, el dilema de la posible oposición entre la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad.
 Cuando uno tiene un cargo, cuando uno habla en nombre de otros, no es uno el que habla, y eso limita seriamente las expresiones propias.
 Esto debe ser tenido muy en cuenta por nosotros cuando juzgamos las conductas de gobernantes y líderes políticos”, decía Seregni en ese momento.
Quise traer esta referencia porque cuántos valores encierra. Hoy que la política y los políticos estamos muchas veces tan cuestionados, descalificados. Hoy que muchas veces lo personal se coloca encima de lo colectivo. Hoy, cuando los cargos se convierten en el fin y no en el medio. Hoy hace falta leer a Seregni, reflexionar sobre su planteo.
Este hombre que fue capaz por 25 años de estar al frente de una coalición de partidos de izquierda que van desde corrientes marxistas a cristianas. Seregni los sentó a todos a la mesa y generó la síntesis necesaria para avanzar, siempre primando el consenso antes que la imposición de la fuerza coyuntural. 
Qué honor poder recordar a este General del Ejército Artigüista, a este líder de la fuerza política que fue protagonista del fin del Siglo XX y está convocada a continuar la tarea en este nuevo siglo.
 Sí señores, aquí estamos hablando sin dudas de unos de los imprescindibles de Bertold Brech. No fue el único claro está, pero sin duda fue uno de los de la primera fila en la lucha constante por la democracia y la libertad. 
Nos permitimos apartarnos de aquel General y su obra justa y perfecta para referirnos a un joven que en 1945 estaba en Puebla México, en el Observatorio Astrofísico de Tonantzintla.
Junto a su amigo mexicano Guillermo Haro, con quien hablaban mucho de teoría en asuntos vinculados con la física. Reflexionaban sobre el problema del átomo y la fusión del átomo.
 Un 6 de agosto se enteran de las consecuencias de la aplicación de la ciencia a la vida, en los hechos de la primera aplicación práctica de estos descubrimientos con respecto al átomo; la horrenda hecatombe de Hiroshima y Nagasaki.
 El joven Líber y su amigo Guillermo se pasaron buena parte del día explicando a periodistas de Puebla cuestiones relativas a la energía del átomo; abrumados a la noche cuenta el joven Líber que su amigo Guillermo le dice: “Sabes, tenemos que hacer algo, además de explicar y denunciar”. Así que los dos de común acuerdo definieron plantar un árbol, un jacarandá. Seregni contaba que los mexicanos le decían que le llamáramos “iacaranda, que es más dulce”.
 Así que como recuperación de la vida Guillermo y Líber plantaron un jacarandá en el pequeño jardín del observatorio.
 Cuenta Seregni que en 1985 volvió a México en una especie de peregrinación laica para agradecer los esfuerzos realizados para su liberación, y una vez en el Observatorio en Puebla le invitaron a una pequeña ceremonia. Guillermo Haro había fallecido, pero en su carrera llegó a ser el Director del Observatorio y siempre puso especial atención al cuidado de aquel árbol. Y los mexicanos habían colocado un pequeño monumento al pie de jacarandá: dos cuñas de madera que se meten en la tierra, con una especie de puente entre ellas, y una placa que reza: 
”En recuerdo de Guillermo y de Líber, quienes plantaron este árbol en 1945 para recordarle a la Humanidad que la vida está por encima de todas las cosas”.

Foto: Departamento de fotografía del Parlamento.

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