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Tarzán y el Maestro

Tarzán y el Maestro

por Mario Del Gaudio

Una noche de fines de marzo del ’72, en los tiempos de la guerra interna, llegó al campamento de Cirilo Cabrera, en el Rincón del Cololó donde confluye este arroyo con el Río Negro, hacia el norte de Mercedes, el comando de una columna guerrillera del Movimiento de Liberación Nacional (T), con su dirigente máximo Raúl Sendic.

El responsable militar de la Columna era el hijo mayor de Cirilo, mi hermano Rodebel, recuerda el Dr. Rucdy Cabrera Britos. 

Todos ellos  luchaban desde la clandestinidad, buscados sin tregua por las Fuerzas Armadas en aquella guerra sucia que los militares fascistas habían encarado contra el pueblo. Rucdy cursaba entonces 6º año de la Facultad de Medicina y estaba en Montevideo. El y Tilo, otro hermano, también integraban el MLN en diferentes columnas.   

El grupo de tupamaros necesitaba cruzar el Río Negro para dirigirse hacia el norte, hacia los montes del Queguay. Desde alli iban a establecerse en un teatro de operaciones que abarcaba toda la franja del rio Uruguay hasta el Rio Dayman. Así la meseta de Artigas y por ende los territorios aledaños a lo que se supone fue Purificación, según el plan, volverían a ser el epicentro del artiguismo revolucionario, de la resistencia a la opresión como lo habían sido en la Patria Vieja.   

A Cirilo Cabrera todo Mercedes lo llamaban Tarzán. Porque Cirilo, alto y robusto, era el soberano indiscutido de aquellos montes que se recostaban entre el Cololó y el Rio Negro. 

Tarzán, hijo de un campesino sin tierra que había peleado en la guerra civil de 1904, tenía un año más que el Maestro Washington Lockhart, renombrado en Mercedes por su formación intelectual admirable, creador del Instituto Histórico de Soriano, Fundador cultural según Carlos Real de Azúa. 

Cirilo Cabrera había nacido en 1914 y Washington Lockhart en 1915. 

Ambos no se conocían. Los unía -eso si- las conversaciones que sus hijos tenían desde muy jóvenes en la casa del Maestro o en el rancho de Cirilo en el monte o alrededor del fogón, lugar ideal para amenas charlas. Cirilo vivía con su familia en el barrio mercedario El Cerro pero pasaba semanas trabajando en la espesura. 

Los conocimientos que separadamente les transmitían, multidisciplinarios y universales, el maestro Lockhart y experimentales, Cirilo, avezado entendido de la naturaleza, de su flora y de su fauna,  por su oficio de montaraz y carbonero, fueron claves para la formación de sus conciencias políticas y sociales, para el amor a la patria que nutrían. 

Las ideas de Cirilo Cabrera y de Washington Lockhart también coincidían, eran frenteamplistas desde la primera horas, asi como el número de hijos, cuatro cada uno. 

De los ocho hijos que sumados las familias Cabrera y Lockhart  tenían, cinco eran tupamaros y tres,  Selva la única hija de Cirilo, era frenteamplista independiente y Elisa  la hija  mayor y el hijo menor Washington José del Maestro militaban en el Partido Demócrata Cristiano, la 808.

A Tarzán y al Maestro les gustaba lo que hacían y así como Lockhart disfrutaba del bote “Argos” con el que oxigenaba sus pulmones navegando por las costas del Río Negro, Cirilo Cabrera se deleitaba con su chalana, que usaba para tender el espinel con el que pescaba dorados, tarariras y sábalos, o como medio de transporte para cruzar el rio. Aunque no lo supieran otra circunstancia los mancomunaba.

Aquella noche, Cirilo se fue al monte a recibir a Sendic.

Por motivos de seguridad extremó los cuidados. La misma preocupación había tenido el Maestro cuando en una de las marchas cañeras Raúl Sendic había estado en su casa. 

Tarzán preparó todo evitando dejar rastros al internarse en el bosque. Tenía la extraordinaria tarea, histórica para él, de recibir al Jefe Tupamaro y a su grupo de combatientes, entre ellos Rodebel.  

Habló poco esa noche con ellos, menos de lo que pensaba en términos de política y de consejos, pero les dio de comer hasta que se hartaron, los aprovisionó con conservas, las mochilas a no dar más y los cruzó con su chalana al otro lado del Rio Negro. 

Tiempo después Cirilo le contó a su hijo Rucdy que se había quedado con pena de no haberse sumado al grupo a pesar de sus años y su artrosis, no obstante los eventos posteriores desfavorables, las prisiones y la aparente derrota. Éstas eran para él, y en eso Lockhart también pensaba igual, contigencias de la lucha y de la vida. 

Tanto que lejos de desestimularse esos dos hombres ejemplares después que sus hijos cayeron presos, al verlos los animaban. “Aguanten firmes, los verdes van a caer”, les decía Cirilo a Rodebel, a Rucdy y a Tilo, en las visitas. 

“Sendic, Seregni y ustedes todos estan en el corazón del pueblo” les refería el maestro Lockhart a sus hijas Martha y Helena.

Va a caer, la Dictadura va a caer, repetían ambos cada uno por su lado en Mercedes ante quienes fuera. Ellos se sentían y fueron, como sus hijos, protagonistas de un embate mayor.

La dictadura cayó.

La vida no es eterna y Cirilo Cabrera no vio ese momento, pero Washington Lockhart sí pudo saborear la derrota de la Dictadura que los dos previeron y como artiguistas que eran,  lucharon para eso.

El destino quiso que el hijo del Bebe, Raúl Sendic conociera al Maestro Lockhart y compartiera momentos inolvidables con él. 

El relato hoy de Raúl es palpitante:

“Tuve el placer de conocer al Prof. Lockhart, en el ’90 o en el ’91 estaba yo organizando el recorrido del Éxodo con un grupo grande de jóvenes, más de cien. Nos proponíamos hacer el mismo camino hasta el Ayuí de aquella gesta artiguista para homenajear a nuestro Prócer. Íbamos en bicicleta. 

El Profe se enteró y me invitó a su casa.  Fui y le expliqué la idea. Nuestro grupo iba a acampar en cada pueblo y en cada lugar se hizo un fogón y en cada fogón se invitaba a un profesor de historia del lugar a que nos diera una charla sobre Artigas. Fue maravilloso escuchar al calor del fuego a Lockhart hablar del Artiguismo, de los indios y negros, de los gauchos que seguian a Artigas, de Andresito y de la traición de Rivera. Nosotros estabamos fascinados. Pero él también quedó fascinado con aquel grupo tan numeroso de jóvenes que en bicicleta, durante diez dias fue rescatando aquella historia que era parte fundamental de las luchas por la emancipación de nuestro pueblo”.

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